Café, ciencia y salud. Boletín informativo Nº 6
El consumo moderado de café como parte de un “estilo de vida saludable”
Dr. Ma Antonia Lizarraga Dallo. Profesora en la diplomatura Nutrición Humana y Dietética de la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona.
El café es una de las bebidas más apreciadas y consumidas a nivel mundial tanto por sus cualidades organolépticas como por sus efectos sobre la capacidad de alerta y concentración entre otros. Sin embargo, existe por parte de muchas personas un cierto reparo o precaución ante su consumo por la posibilidad de que presente efectos negativos sobre la salud.
Durante años se ha planteado un posible efecto negativo de la cafeína como responsable de mayor riesgo cardiovascular, pérdida de masa ósea o incluso mayor riesgo de cáncer. En ocasiones se ha llegado a limitar, e incluso prohibir, su consumo a individuos que, si nos guiamos por los recientes estudios epidemiológicos, podrían obtener beneficios a largo plazo de un consumo moderado de café.
Es cierto que el café puede tener un efecto a corto plazo negativo sobre algunos parámetros de riesgo cardiovascular y metabólico como el colesterol, la tensión arterial, la homocisteína o la resistencia a la insulina. Sin embargo el consumo continuado no se traduce en mayor riesgo cardiovascular o incluso disminuye el riesgo de diabetes tipo II en los estudios prospectivos. Se ha llegado a hablar de la “paradoja del café” en semejanza a la conocida paradoja francesa del vino1. Los motivos pueden ser entre otros que los efectos sean diferentes a corto y largo plazo, o que los otros componentes del café diferentes a la cafeína modifiquen a los anteriores.
Efectivamente, aunque la cafeína es el componente más conocido, no es el único con posibles efectos sobre la salud, y cada vez más estudios se centran en otros como el ácido clorogénico, los diterpenos o el magnesio2,3. La recomendación en individuos adultos sanos, salvo contraindicaciones especiales de un “consumo moderado” de café, correspondiente a unas tres a cuatro tazas al día o una dosis de cafeína de hasta 300mg / día parece que no sólo no es perjudicial sino que puede ser beneficioso.
Tomado en cantidades moderadas activa el metabolismo basal, aporta antioxidantes, y sus posibles efectos probióticos hacen del consumo moderado de café un hábito saludable como lo puede ser el consumo moderado del vino.
Los beneficios de la práctica habitual de ejercicio pueden verse incrementados igualmente tras la toma de uno o dos cafés en las horas previas a la actividad física o incluso durante el ejercicio si es de larga duración, pudiendo ser una buena estrategia junto con una dieta equilibrada en la prevención del sobrepeso y la obesidad3. Sin embargo en el paciente hipertenso o en el anciano se puede presentar una mayor susceptibilidad a la cafeína que hace aconsejable personalizar el consumo de café hacia uno de menor contenido de cafeína para obtener los posibles beneficios de los otros componentes o bien disminuir el número de tazas al día2.
Ante las evidencias actuales y salvo contraindicaciones, lo razonable es no tanto restringir sino llegar a aconsejar un consumo moderado de café a la población como parte de un “estilo de vida saludable”.
Café y cáncer hepático.
Dr. Mariano de la Figuera von Wichmann. Médico de Familia en el Centro de Asistencia Primaria La Mina de San Adrián del Besós. Barcelona.
El carcinoma primario de hígado o hepatocarcinoma es una forma de cáncer con un pronóstico fatal a corto plazo. En algunos países, como es el caso de Japón, el hepatocarcinoma representa el 90% de todos los cánceres hepáticos. En Italia, de todos los nuevos casos de cáncer, el 3,4% en hombres y el 1,9% en mujeres son hepatocarcinomas.
La variabilidad en la incidencia de esta enfermedad está muy relacionada con la prevalencia de la infección por el Virus C de la Hepatitis (VHC) y, en menor grado, con la del Virus B. Otros factores determinantes son el consumo de alcohol, tabaco y contaminantes (aflatoxinas).
El hepatocarcinoma, una vez diagnosticado, tiene una supervivencia de pocos meses. Las principales medidas de prevención de este tumor son el tratamiento antivírico específico contra el virus C de la hepatitis y el seguimiento periódico de los acientes mediante ecografía hepática y analítica. Las medidas dietéticas, como la ingesta de café, ante la magnitud del problema podrían pasar a un segundo plano, pero deben tenerse en cuenta.
Las evidencias más interesantes y consistentes sobre el café como medida preventiva en esta enfermedad proceden del campo de la epidemiología observacional. Publicado en el año 2005, el JACC (Japan Collaborative Cohort Study for Evaluation of Cancer Risk)1 incluyó una cohorte de más de 110.000 sujetos (46.399 varones y 64.289 mujeres) con edades entre los 40-79 años que se agruparon en tres categorías en función de la ingesta de café. El riesgo de muerte por hepatocarcinoma en los bebedores de 1 ó más tazas de café al día, en comparación con los no bebedores, fue de 0,50 (IC 95%: 0,31-0,79), ajustado por la edad, género, nivel educativo, historia de diabetes o enfermedad hepática y el consumo de tabaco y alcohol.
Varios estudios de casos y controles también han demostrado dicha asociación y, además, sugieren que los beneficios del café sobre la mortalidad por hepatocarcinoma son más evidentes cuando coexiste una infección crónica por el VHC u otras etiologías2,3,4. En el año 2007 se publicó un análisis conjunto de 2 estudios prospectivos de cohortes realizados en población japonesa sobre 22.404 sujetos5. Los riesgos de desarrollar un hepatocarcinoma en los sujetos que no bebían café, los que bebían de manera ocasional y los consumidores de 1 ó mas tazas de café al día fueron: 1,00 (referencia); 0,71 (IC 95%: 0,46-1,09) y 0,58 (IC 95%: 0,36-0,96), respectivamente; (valor de p para la tendencia = 0,024).
Los mecanismos responsables de estos efectos beneficiosos del café no son bien conocidos, si bien se postula que antioxidantes, como el ácido clorogénico y kahweol, y la propia cafeína pudieran tener efectos anticancerígenos.
Las evidencias presentadas parecen tener la suficiente consistencia para considerar que el consumo moderado de café tiene efectos beneficiosos incluso sobre enfermedades tan devastadoras como el hepatocarcinoma.
Nueva evidencia de que el café previene la demencia senil.
Rafael Franco. Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular. IDIBAPS (Institut d’Investigacions Biomèdques August Pi i Sunyer). Universidad de Barcelona.
La substancia psicoactiva legal más consumida en el mundo es la cafeína que se encuentra, principalmente, en el café y en las bebidas de cola. Se sabe desde hace decenas de años que ingerida de forma aguda la cafeína mejora el estado de alerta y la capacidad cognitiva del individuo (o del animal de experimentación). El conocer si el consumo a largo plazo de cafeína tiene incidencia en enfermedades que cursan con déficit cognitivo, es decir problemas de memoria, no es tan fácil.
La cafeína es una substancia que cruza la barrera hematoencefálica (BBB de las iniciales en inglés de blood-brain-barrier) por lo que sus niveles “cerebrales” son significativos en aquéllas personas que son consumidoras habituales de café o de bebidas de cola. Es perfectamente conocido que la cafeína tiene efectos en neuronas, sobre todo en los cuatro receptores del neuromodulador adenosina. Por lo tanto cabe pensar que la presencia continua de la cafeína alrededor de las neuronas pueda influir sobre los mecanismos de degeneración que ocurren en las demencias.
Los muchos románticos del café consideraban que la cafeína sólo podía ser beneficiosa y nunca perjudicial. El primer indicio fue dado por investigadores portugueses; la evidencia era favorable al café y se basaba en un estudio limitado y que involucraba unas decenas de personas. Maia y de Mendonça1 encontraron que el consumo de café se asociaba a un menor riesgo de Alzheimer. En un estudio de 5 años denominado “canadiense” sobre envejecimiento y salud se concluyó que el consumo de café reducía de manera significativa (31%) el riesgo de padecer Alzheimer en la población de igual o más de 65 años. En cambio en otro estudio denominado FINE (“F” de Finlandia, “I” de Italia, “N” de Netherlands y “E” de Elderly) se asoció el consumo de tres tazas de café con una menor declive cognitivo; no obstante no se observó ninguna relación entre el consumo de café y el riesgo de padecer demencia.
En un estudio que acaba de ser publicado los datos decantan la balanza de nuevo hacia una relación entre consumo de café y demencia. En dicho estudio denominado CAIDE (Cardiovascular Risk Factors, Aging and Dementia) el objetivo era conocer si el consumo de café durante la segunda edad (madurez) prevenía o no la enfermedad de Alzheimer en la tercera edad. Los autores2 recogieron información completa de 1.409 individuos de edades comprendidas entre 65 y 79 que se habían seguido a lo largo de unos 21 años. De ellos 61 desarrollaron demencia (48 de ellos de tipo Alzheimer). Tras ser ajustados según factores demográficos, vasculares, de estilo de vida, psiquiátricos, y según el alelo apo E4, los datos fueron concluyentes en que consumir café en la madurez prevenía del riesgo de demencia y Alzheimer en la tercera edad. El menor riesgo (76% de reducción) se asoció a personas que consumían entre 3 y 5 tazas de café por día. Estos resultados parecen ser muy relevantes de cara a estrategias a largo plazo de prevención de demencias.
¿El café quita el sueño?
Muchas personas culpan al café de que no los deja dormir, y por eso evitan tomarlo hacia el final del día. Estudios efectuados demuestran que la fase de ensoñación del sueño no se ve afectada. Uno de esos estudios probó que tomar hasta siete tazas al día no va unido a que durmamos menos (Montserrat, Sanchez-Ortuno, Sleep Medicine, 2005, (6): 247-251), y en otro estudio, del que fueron objeto 760 enfermeras (Lee, K.A. Sleep, 1992, (15): 493-498), se observó que tenían más importancia para no dormir otros factores, tales como la edad y los problemas de familia. En un estudio con mujeres de edad avanzada (Bliwise, N.G. Psychology and Aging, 1992,(7): 83-88), no se observó diferencia de consumo de cafeína entre las que dormían bien y las que dormían mal.
El consumo habitual de café puede reducir el riesgo de ictus para las mujeres.
El consumo habitual de café puede disminuir ligeramente el riesgo de sufrir un ictus en mujeres no fumadoras, según un estudio recientemente publicado en la revista Circulation. Investigadores de la Universidad Autónoma de Madrid, en colaboración con investigadores de la Universidad de Harvard analizaron el impacto del consumo de café en el riesgo de ictus. (…)
Para ello examinaron los hábitos dietéticos y estilo de vida de 80.000 enfermeras americanas, a las que se les contactaba cada dos años para saber su consumo de café, té y otras bebidas con cafeína; con esta información se calculó su consumo medio habitual.
Además, se contactó con sus centros de salud para saber cuáles de ellas padecieron un ictus. Después de 24 años de seguimiento, se documentaron 2280 casos de ictus en estas mujeres.
La investigadora principal de este estudio, Esther López García señala que las personas sanas pueden estar seguras de que no tienen mayor riesgo de sufrir un ictus o un infarto por tomar café. (…)
Otras bebidas con cafeína, como el té y los refrescos carbonatados no modificaron el riesgo de sufrir un ictus. Sin embargo, el consumo de café descafeinado también disminuyó el riesgo de ictus, sugiriendo que son otras sustancias diferentes a la cafeína las que producen estos efectos beneficiosos.
Así, se supone que son los antioxidantes presentes en esta bebida los que producen un efecto beneficioso en los vasos sanguíneos y de esta forma disminuyen el riesgo de enfermedad cardiovascular.
Estos resultados se unen a investigaciones previas de los autores en las que encontró que el consumo de café tampoco aumentaba el riesgo de sufrir un infarto y que protegía de tener diabetes.

