Cafeína combina con otras sustancias.
No expondremos aquí las bebidas energéticas, ya que éstas contienen junto con la cafeína otras sustancias psicoestimulantes, como la taurina, el ginseng o el ginkgo biloba en cantidades farmacológicamente relevantes para conseguir efectos estimulantes psíquicos y físicos superiores, pero también con riesgos incrementados si el consumo es elevado y/o continuado en el tiempo. Centraremos este apartado en la glucosa, por ser un elemento presente en nuestra dieta que supone la fuente principal de energía del SNC (Sieber & Traystman, 1992), esencial para su adecuado funcionamiento, y cuya ingesta en combinación con la cafeína suele ser muy frecuente. Una forma habitual de consumir cafeína es mediante refrescos de cola que en su mayoría contienen elevados niveles de glucosa y cafeína a bajas dosis (42 gr de azúcar + 30 mg cafeína por lata). También suele añadirse azúcar a los preparados de café y té aunque en cantidad baja, entre 8 y 20 gr. La dosis efectiva para evidenciar efectos de la glucosa en la cognición administrada exclusivamente es baja (<25 gr) en adultos jóvenes y elevada (50-75 gr) en ancianos (Messier, 2004). La glucosa tiene efectos positivos sobre la cognición, en especial para la ejecución de tareas de aprendizaje y memoria (Stone et al., 2005; Riby et al., 2006).
Paradójicamente, existen muy pocos trabajos publicados que investiguen el impacto de la combinación de cafeína y glucosa en el rendimiento cognitivo si bien en la mayoría de la población ésta es la forma habitual de consumir cafeína. Así, en el estudio de opinión “Hábitos y actitudes de los españoles frente al consumo de café”, realizado en 2011 por el Centro de Información Café y Salud con una muestra de 3.000 personas de toda España, se ha evidenciado que el 90% de los consumidores de café lo edulcoran y de ellos el 66% opta por el azúcar (https://www.cicas.es/). Los resultados de estudios en sujetos adultos sanos, en condiciones óptimas de activación, indican que la cafeína y glucosa combinadas tienen efectos sinérgicos en comparación con la administración de cada sustancia sola. Los beneficios se observan especialmente en tareas de atención sostenida, aprendizaje y memoria (Kennedy & Scholey, 2004; Smit et al., 2006; Adan & Serra-Grabulosa 2010).
Asimismo, mediante la utilización de la técnica de los potenciales evocados, se ha evidenciado que combinar cafeína y glucosa produce una mejora de la actividad cerebral en el rendimiento en tareas de atención (Rao et al., 2005). Por otro lado, utilizando la técnica RMf, se han observado efectos beneficiosos del consumo de ambas sustancias en tareas de atención sostenida de alta demanda (Serra-Grabulosa et al., 2010), con aumento de la eficiencia de las áreas cerebrales que sustentan la atención y la memoria de trabajo (menor activación en la corteza parietal bilateral y la corteza prefrontal izquierda) respecto a la de sujetos que tomaron placebo, o cafeína o glucosa solas (ver Figura 10). Las estimaciones de ejecución en la tarea, en cambio, fueron similares con independencia del tipo de bebida consumida.
Sin embargo, deben desarrollarse más investigaciones para evaluar de forma completa los aspectos farmacológicos de la coadministración de cafeína y glucosa y su impacto sobre la conducta. Puede que no todo sean ventajas de consumir bebidas que contienen elevada cantidad de azúcar y baja de cafeína. Así, Anderson & Horne (2006) observaron que estas bebidas incrementan la somnolencia tras un período extenso de rendimiento en lugar de aliviarla. Además, dicha combinación también puede producir efectos sinérgicos sobre la actividad de los circuitos dopaminérgicos, aumentando las propiedades reforzantes del consumo y el riesgo de desarrollar un patrón excesivo de consumo (Temple et al., 2009).
No cabe duda, además, que una ingesta excesiva de azúcar supone un factor de riesgo que predispone a desarrollar obesidad y síndrome metabólico. A la espera de datos procedentes de estudios de dosis-respuesta que evalúen la mínima dosis de glucosa a utilizar para conseguir los efectos sinérgicos, la recomendación basada en el sentido común es que combinar glucosa en dosis bajas (<25 gr) con cafeína puede ser la opción más beneficiosa si hacemos uso de ello para aumentar nuestro rendimiento cognitivo, en especial en adultos jóvenes. Lo que supone un desayuno al que se añada café por la mañana, tomar un café o té con hielo o un granizado de café en otros momentos del día. Estas dos últimas, además, suponen una buena opción si debemos procurar mantener una adecuada hidratación del organismo debido a condiciones ambientales adversas, con o sin actividad física (verano en países cálidos, lugares de trabajo calurosos y/o húmedos), o si sufrimos estrés, que es un factor que propicia la deshidratación.
Se halla perfectamente establecido que una insuficiente hidratación perjudica el rendimiento cognitivo en adultos jóvenes y sanos y, en mayor medida, en niños y ancianos que muestran mayor vulnerabilidad a deshidratarse (Grandjean & Grandjean, 2007; Lieberman, 2007). Un buen estado de hidratación es un factor protector frente al riesgo de sufrir accidentes laborales o desarrollar patologías, promueve el adecuado desarrollo tanto de tareas físicas como mentales y mejora la percepción de bienestar de los individuos (Ritz & Berrut, 2005; Kenefick & Sawka, 2007). Aunque la bebida de uso más universal para mantenerse hidratado es el agua, a veces utilizar otras opciones que contengan elementos adicionales (sales, carbohidratos, cafeína, etc.) puede producir efectos más beneficiosos a la vez que resulte más atractivo su consumo por el sabor, aroma u otras cualidades. En caso de optar por bebidas con dosis elevadas de glucosa, la recomendación es que no se puede abusar de la cantidad diaria consumida.


