Boletín Informativo

Café, ciencia y salud. Boletín Informativo Nº 4

Consumo de café y sistema hepatobiliar.
Dr. Mariano de la Figuera von Wichmann. Médico de Familia en el Centro de Asistencia Primaria La Mina de San Adrián del Besós (Barcelona).

Las enfermedades que afectan al sistema hepatobiliar son un grupo heterogéneo de patologías -desde la litiasis biliar hasta el hepatocarcinoma- en las que el consumo de café ha demostrado efectos positivos por mecanismos, todavía, muy poco conocidos.

En España, la prevalencia de litiasis biliar oscila entre el 10-20% de la población adulta. Aunque la mayoría de los pacientes tienen formas asintomáticas, algunas de las complicaciones relacionadas pueden ser graves, como la colecistitis y la pancreatitis aguda. Entre los factores protectores figuran el ejercicio físico, la dieta rica en fibra y proteínas de origen vegetal, los frutos secos y finalmente, el café. La relación entre la ingesta de café y la litiasis biliar ha sido motivo de estudios epidemiológicos que han demostrado un cierto efecto protector. Así, un estudio prospectivo realizado en los Estados Unidos, sobre más de 80.000 mujeres entre los 34 y 59 años de edad y seguidas durante 20 años, demostró que el consumo de 4 o más tazas de café al día se asociaba con un menor riesgo de colecistectomía (Riesgo Relativo/RR: 0,72; IC 95% 0,62-0,84; p<0,0001). Además, estudios experimentales han demostrado que el café estimula la liberación de colecistoquinina, inhibe la cristalización del colesterol biliar, disminuye la absorción de líquidos a nivel de la vesícula y aumenta el flujo hepato-biliar. En relación con las enfermedades hepáticas, la cirrosis hepática alcohólica sigue siendo una importante causa de hospitalización y muerte, especialmente entre los varones. A principios de los años 90, investigadores asociados al Programa Kaiser Permanente de los EE.UU publicaron los datos de 128.934 adultos tras un seguimiento de unos 7 años. El consumo de café (no el de té) se asoció de manera inversa con la hospitalización o muerte debida a cirrosis hepática de origen alcohólico. Más reciente es un estudio noruego que incluyó más de 51.000 sujetos, seguidos una media de 17 años, demostró, tras los oportunos ajustes, de que el Riesgo Relativo de muerte por cirrosis hepática era de 0,6 (IC 95%: 0,5-0,8) en los sujetos que bebían más de 2 tazas de café.Además, existen estudios que sugieren un posible efecto beneficioso del café sobre la actividad de la gamma- glutamiltransferasa (GGT), enzima estrechamente relacionada con el consumo de alcohol. En este sentido, varios estudios han observado que el consumo de café se asocia a una disminución de los niveles de la GGT y de la aminotransferasa; pero de manera especial en los grandes bebedores de alcohol. Estos datos sugieren que el café podría tener un efecto protector del hepatocito ante determinadas agresiones, como es el alcohol. Café y deporte.
Dra. Pilar Riobó. Jefe Asociado del Servicio de Endocrinología y Nutrición. Hospital Fundación Jiménez Díaz. Madrid.

La cafeína es una sustancia estimulante del sistema nervioso central cuyos efectos han sido ampliamente estudiados en el deporte. Su potencial efecto sobre la percepción de la fatiga empezó a estudiarse a finales del siglo pasado, pero hasta finales de la década de los 70 no se demostró su efecto ergogénico y se popularizó su uso entre los deportistas. En año 2004 el COI eliminó la cafeína de la lista de sustancias peligrosas, siendo la dosis permitida máxima de 12 mg de cafeína /litro de orina.

La mayor parte de las investigaciones científicas confirman que la cafeína mejora la capacidad de resistencia durante el ejercicio físico, retrasando entre un 10 y un 20% la aparición de sensación de cansancio. Los efectos ergógenos en ejercicios de más de una hora de duración pueden conseguirse a partir de dosis muy pequeñas, (1-3 mg/kg de peso corporal), cuando se consume antes y/o durante el ejercicio, sin que haya una relación dosis-respuesta. Este efecto ergogénico parece que puede prolongarse hasta 6 h después de la ingesta y es mayor en las personas que normalmente no ingieren esta sustancia frente a aquellos que la consumen de manera habitual. Su efecto en deportes de intensidad elevada y corta duración es más controvertido.

Los efectos de la ingesta de cafeína difieren entre los individuos dependiendo de la edad, el sexo, el tamaño corporal, el grado de entrenamiento, la tolerancia y la habituación a esta sustancia. Hay personas que no responden a la cafeína e incluso algunas experimentan efectos secundarios (nerviosismo, dolor de cabeza, insomnio, etc.) que pueden afectar negativamente a su rendimiento (efecto ergolítico). Estos síntomas son más frecuentes con dosis elevadas. Se ha observado que el efecto ergogénico de la cafeína es mayor cuando se ingiere en forma de suplementos que cuando se toma la misma cantidad mediante el consumo de café, aunque las concentraciones plasmáticas alcanzadas sean similares en ambos casos.

No está completamente claro cuál es el mecanismo por el que la cafeína aumenta el rendimiento deportivo. El dispositivo de acción fisiológico de la cafeína se desarrolla en numerosos sistemas orgánicos y, por lo tanto, tiene un efecto multifactorial e interrelacionado. Parece que la ingesta de cafeína antes del ejercicio aumenta la concentración plasmática de ácidos grasos
libres, posiblemente como consecuencia del aumento de las catecolaminas. Ello permite preservar la utilización de los hidratos de carbono como fuente energética, especialmente en ejercicios de resistencia, con lo que mejora el rendimiento deportivo. Algunos estudios han mostrado recientemente que la ingesta de cafeína junto con hidratos de carbono también modifica el metabolismo de éstos, ya que produce tanto un incremento de la tasa de oxidación de los hidratos de carbono, probablemente mediada por una mayor absorción intestinal de glucosa, como una acumulación de glucógeno muscular mayor.

También es posible que el efecto ergogénico de la cafeína pudiera deberse a su capacidad para disminuir la fatiga y la percepción subjetiva de esfuerzo mediante el bloqueo de los receptores de adenosina en el sistema nervioso central. La adenosina es un regulador de la neurotransmisión que, además, disminuye la liberación de catecolaminas e inhibe la lipólisis. También es posible que tenga una acción directa sobre el músculo y su capacidad contráctil al aumentar la movilización de calcio.

La cafeína también actúa sobre el sistema respiratorio, produciendo broncodilatación y facilitando la ventilación. La estimulación del sistema hormonal, con incremento de las hormonas del estrés, (catecolaminas, betaendorfina y el cortisol), parece contribuir también a disminuir la percepción subjetiva del esfuerzo y el dolor muscular, mecanismo asimismo involucrado en el aumento del rendimiento deportivo.

Por todo ello se recomienda que, si la actividad requiere potencia y/o velocidad, se consuma cafeína unas tres horas antes y si se trata de una actividad de resistencia, con una hora de adelanto. Las dosis son individuales, pero las que han mostrado tener algún efecto sobre el rendimiento, con mínimos efectos adversos, son entre 1 y 9 mg/kg de peso corporal. Los varones toleran dosis más elevadas que las mujeres, aunque no hay evidencia de que dosis superiores a 9 mg/kg de peso sean más beneficiosas. Es decir, no parece haber una relación dosis-respuesta. Los consumidores habituales tienen una mayor tolerancia a la cafeína.

En general, el café y la cafeína utilizados con moderación no parecen tener efectos secundarios más que una cierta intolerancia gastrointestinal en algunas personas.

Café y cáncer de mama.
Rafael Franco. Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular. IDIBAPS (Institut d’Investigacions Biomèdiques August Pi i Sunyer). Universidad de Barcelona.

Es bien conocido el hecho de que cada vez se producen más casos de cáncer de mama. Son dos los componentes fundamentales que influyen en la aparición de cualquier tipo de cáncer: la dotación genética y factores ambientales. En el caso del cáncer de mama es evidente que el notable incremento de los casos se debe mucho más a factores ambientales puesto que la dotación genética de la población es similar a la de hace décadas. Hay familias cuyas mujeres son propensas a padecer un tumor en el pecho y ello hace que sea aconsejable un chequeo más frecuente que las mujeres que no tienen antecedentes familiares. Pero en la población media ya se recomienda, a partir de una cierta edad, que el chequeo sea anual.

¿Entre los factores que influyen al incremento de la tasa de cáncer de mama se encuentra el consumo de café? La respuesta hace unos años hubiera sido un “no” categórico. La mama es una glándula muy influida por las hormonas y aparte de la hormona del crecimiento (que se usa para producir más leche de vaca) entre los agentes más perjudiciales que encontramos en nuestro día a día están los denominados disruptores hormonales que son una variedad de productos fabricados por el hombre que acaban formando parte de nosotros, (de nuestro cuerpo), y que afectan a nuestro sistema endocrino. Muchos científicos nos atreveríamos a hipotetizar que los componentes del café, (excluyendo pesticidas), no tienen componentes hormonales que incrementen los cambios genéticos que hacen que una célula de mama se convierta en cancerosa. Pero la pregunta hoy en día se ha de hacer de forma diferente: ¿puede influir el café en los efectos nocivos de los factores ambientales responsables del aumento en la incidencia de cáncer de mama? Esa es la pregunta a la que estudios recientes tratan de dar respuesta. Es decir que el café no es nocivo per se pero queda la duda de si “inocentemente” pudiera provocar un aumento del efecto de las sustancias que realmente con tribuyen a este espectacular aumento de la incidencia de cáncer de mama.

Son varios los estudios que intentan relacionar el café o la cafeína y el cáncer de mama. Ha habido estudios que han apuntado a que la cafeína confería riesgo de sufrir cáncer de mama, (véase discusión en Ishitani et al., 2008), sin embargo estudios más recientes cuestionan esta suposición. En el más reciente y más completo (Ishitani et al., 2008) se incluye a 38.432 mujeres mayores de 45 años de las cuales un 3%, (1.188), desarrollaron cáncer de mama a lo largo de 10 años de seguimiento. Este estudio multicéntrico fue desarrollado entre la Universidad de Tokio y la Harvard Medical School de Boston. Se demuestra que para la mayoría de cánceres de pecho se puede descartar que el café o la cafeína predispongan a padecer la enfermedad. Incluso se demuestra que ciertos hábitos de consumo de café y/o cafeína confieren un cierto grado de protección. Hay sin embargo un tipo de cáncer de mama para el que los datos apuntan que la cafeína aumenta el riesgo relativo de padecerlo. Este tipo concreto de cáncer es menos común que otros (30-50 casos cada 100.000 personas al año) y dado el bajo número de mujeres afectadas por este cáncer (denominado ER negativo y PR negativo) los resultados no son totalmente concluyentes. Tomando en consideración que las mujeres del estudio consumían cafeína no sólo en el café sino también en bebidas de cola se puede concluir que el consumo moderado de café no predispone a padecer cáncer de mama.

Merece especial atención un dato del estudio que indica que mujeres postmenopáusicas que no han tenido terapias hormonales y que consumen dos, (o más), tazas de café descafeinado al día tienen un riesgo relativo mucho menor, (casi la mitad: un 42% de reducción del riesgo), de sufrir cáncer de mama. Este dato es relevante puesto que apunta a que los otros componentes del café que no son cafeína tienen también efectos, protectores en este caso.

Café y diabetes mellitus.
En este artículo se revisan los estudios realizados sobre la asociación entre el consumo de café y sus componentes y el riesgo de diabetes. La mayoría de los estudios epidemiológicos, así como el metanálisis, sugieren que el consumo de café con cafeína y café descafeinado puede reducir el riego de contraer diabetes tipo 2 y mejorar los indicadores del metabolismo de la glucosa. (…)

En un estudio de cohortes, (van Dam RM, Feskens KM), se demostró que las personas que bebían al menos 7 tazas de café al día presentaban un riesgo de diabetes 50% menor que los que bebían dos tazas o menos. (…)

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