El consumo moderado de café como parte de un “estilo de vida saludable”.

Dr. Ma Antonia Lizarraga Dallo. Profesora en la diplomatura Nutrición Humana y Dietética de la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona.
El café es una de las bebidas más apreciadas y consumidas a nivel mundial tanto por sus cualidades organolépticas como por sus efectos sobre la capacidad de alerta y concentración entre otros. Sin embargo, existe por parte de muchas personas un cierto reparo o precaución ante su consumo por la posibilidad de que presente efectos negativos sobre la salud.
Durante años se ha planteado un posible efecto negativo de la cafeína como responsable de mayor riesgo cardiovascular, pérdida de masa ósea o incluso mayor riesgo de cáncer. En ocasiones se ha llegado a limitar, e incluso prohibir, su consumo a individuos que, si nos guiamos por los recientes estudios epidemiológicos, podrían obtener beneficios a largo plazo de un consumo moderado de café.
Es cierto que el café puede tener un efecto a corto plazo negativo sobre algunos parámetros de riesgo cardiovascular y metabólico como el colesterol, la tensión arterial, la homocisteína o la resistencia a la insulina. Sin embargo el consumo continuado no se traduce en mayor riesgo cardiovascular o incluso disminuye el riesgo de diabetes tipo II en los estudios prospectivos. Se ha llegado a hablar de la “paradoja del café” en semejanza a la conocida paradoja francesa del vino(1). Los motivos pueden ser entre otros que los efectos sean diferentes a corto y largo plazo, o que los otros componentes del café diferentes a la cafeína modifiquen a los anteriores.
Efectivamente, aunque la cafeína es el componente más conocido, no es el único con posibles efectos sobre la salud, y cada vez más estudios se centran en otros como el ácido clorogénico, los diterpenos o el magnesio(2,3). La recomendación en individuos adultos sanos, salvo contraindicaciones especiales de un “consumo moderado” de café, correspondiente a unas tres a cuatro tazas al día o una dosis de cafeína de hasta 300mg / día parece que no sólo no es perjudicial sino que puede ser beneficioso.
Tomado en cantidades moderadas activa el metabolismo basal, aporta antioxidantes, y sus posibles efectos probióticos hacen del consumo moderado de café un hábito saludable como lo puede ser el consumo moderado del vino.
Los beneficios de la práctica habitual de ejercicio pueden verse incrementados igualmente tras la toma de uno o dos cafés en las horas previas a la actividad física o incluso durante el ejercicio si es de larga duración, pudiendo ser una buena estrategia junto con una dieta equilibrada en la prevención del sobrepeso y la obesidad(3). Sin embargo en el paciente hipertenso o en el anciano se puede presentar una mayor susceptibilidad a la cafeína que hace aconsejable personalizar el consumo de café hacia uno de menor contenido de cafeína para obtener los posibles beneficios de los otros componentes o bien disminuir el número de tazas al día2.
Ante las evidencias actuales y salvo contraindicaciones, lo razonable es no tanto restringir sino llegar a aconsejar un consumo moderado de café a la población como parte de un “estilo de vida saludable”.
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Referencias
1. Van Dam RM. Coffee consumption and coronary heart disease: Paradoxical effects on biological risk factors versus disease incidence. Clin.Chem. 2008;54(9):1418-1420.
2. Higdon JV, Frei B. Coffee and health: A review of recent human research. Crit.Rev.Food Sci.Nutr. 2006; 46(2):101-123.
3. Greenberg JA, Boozer CN, Geliebter A. Coffee, diabetes, and weight control. Am.J.Clin.Nutr. 2006; 84(4):682-693.

