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Café y función gastrointestinal.



La última revisión científica de los efectos del café sobre el sistema gastrointestinal se realizó en 1999 (1). Los autores de este estudio evaluaron las evidencias que se habían recogido con relación a los efectos del café sobre problemas gástricos (dispepsia o indigestión, o el ardor de estómago) e intestinales (trastornos funcionales de la movilidad del colon) de las secreciones y el tránsito intestinal o de la capacidad de contracción de la vesícula biliar. Sus conclusiones fueron que “el café genera reflujos gastro-esofágicos pero no tiene relación con la dispepsia. El café estimula la contracción de la vesícula biliar y la movilidad del colon”.

La mayoría de casos de indigestión no tienen una explicación clara, y se clasifican como dispepsias no ulcerosas o funcionales. Por su parte, algunos casos de dispepsia tienen su origen en úlceras de estómago o duodeno. En un estudio realizado en EE UU, no se apreciaron diferencias entre aquellos pacientes que consumían café y sufrían úlceras de duodeno o dispepsia funcional, y los individuos de control (2). En dicha investigación, sorprendentemente, los síntomas de indigestión se manifestaron más en los pacientes con dispepsia funcional que en aquellos con úlceras de duodeno. Además, en un estudio trasversal realizado en Australia sobre 592 donantes de sangre, excluyendo pacientes con úlcera péptica, no se logró establecer una relación significativa entre consumo de café y dispepsia (3). Igualmente, en un gran estudio trasversal sobre 8.407 adultos británicos no se estableció relación entre café y dispepsia (4).

Existen pocos estudios sobre la relación entre cafeína y dispepsia. En uno de éstos, realizado a 4.558 australianos, una vez ajustados los resultados a factores de confusión (5) no se encontró relación entre ingesta de cafeína e indigestión. Esta investigación revelo de manera accidental que el tostado por conducción podría reducir los síntomas de indigestión en personas sensibles al café, frente al tostado tradicional, aunque esto no se ha podido confirmar en un ensayo clínico realizado recientemente (6). Por tanto, se debe concluir que el café no tiene efectos relacionados con la indigestión en la mayoría de individuos.

El reflujo gastroesofágico (RGE) se refiere al retorno de ácidos desde el estómago hacia el esófago. Los pacientes que sufren RGE suelen ser más sensibles al café, y al zumo de naranja o de tomate, por lo que no sólo el café causa este tipo de problemas (7). En un estudio realizado con 394 pacientes con acidez, se demostró que ni la acidez propia del café ni su potencia osmótica tenía relación alguna con la acidez estomacal (8).

En otra investigación desarrollada con 16 pacientes sanos, se controló el pH del esófago con objeto de demostrar que el café provoca más acidez que el agua (9). Este efecto se observó de manera muy reducida y el resultado no se vió modificado al realizar el test con descafeinado. Por tanto, debe haber otros componentes del café que influyan en este efecto. Sin embargo, un segundo estudio confirmó que los síntomas de RGE remitían en enfermos con este problema al tomar descafeinado (10). En una investigación a 20 individuos sensibles a esta bebida aromática, se estudiaron tres tipos de café y sus efectos sobre el RGE, llegando a la conclusión de que el café europeo produjo más RGE que el de EEUU (11). En un estudio más reciente en el que se controlaba el pH en siete enfermos de RGE y ocho controles, comparando consumo de agua y café, no se obtuvieron resultados concluyentes (12). Los autores afirmaron que “los resultados del estudio, por tanto, no apoyan el consejo que generalmente se da a los pacientes de que si tienen síntomas de reflujo deben dejar de tomar café o tomar descafeinado”. Aunque esta afirmación parece contradecir las conclusiones de la revisión científica inicial (1) y demás estudios mencionados, lo que se está indicando es que los efectos observados del café sobre el RGE no son tan importantes como para darles relevancia clínica.

Recientemente se han publicado muchos estudios acerca de los efectos del café sobre la función gastrointestinal. La idea de que los cambios en la función motora-gástrica y sensorial pueden tener relación con los efectos del café sobre la dispepsia no está respaldada por las pruebas científicas, las cuales apuntan a que el café no afecta a la funcionalidad del estómago proximal (13) o al vaciado gástrico (14). Por lo tanto, la creencia de que el café provoca diarrea no concuerda con las evidencias que demuestran que el café no tiene efectos sobre la duración del tránsito cecal (14). Por el contrario, el descubrimiento de que el café, normal o descafeinado, incrementa los niveles de colecistoquina y reduce el volumen de la vesícula biliar explicaría por qué los pacientes de litiasis o cálculos biliares sufren dolores al tomar café(15).

En dos estudios sobre la relación entre café y riesgo de desarrollo de úlceras pépticas, realizados en la época anterior al Helicobacter pilori, no se pudo establecer una relación estadísticamente significativa(16 – 17). En un reciente estudio de cohortes a 2.416 adultos daneses se demostró que, los principales riesgos para el desarrollo de úlceras pépticas están en el tabaco y en las infecciones por Helicobacter pilori, mientras que el consumo de café no es un factor importante(18). En un gran estudio de cohortes en EE UU sobre 47.806 hombres se identificaron 138 nuevos casos de úlcera duodenal en seis años (19), sin embargo, no se encontró relación significativa entre riesgo de padecer úlcera duodenal y consumo de cafeína, bebidas con cafeína, o café normal o descafeinado.

Por tanto, no hay pruebas de que el consumo de café incrementa el riesgo de desarrollar úlceras pépticas (gástricas o duodenales) o duodenales únicamente.

El debate sobre si el café tiene influencia en el desarrollo de problemas relacionados con el reflujo gastroesofágico continúa. En 2006, una revisión científica que tuvo en cuenta diferentes factores relacionados con el estilo de vida, incluyendo la dieta, intentó traer algo de luz a este tema (20). En lo que se refiere a consumo de café o cafeína, los autores siguieron encontrando discrepancias en los datos en lo referido a su relación con el RGE. Sin embargo, sí afirmaron que “no hay pruebas suficientes para apoyar la recomendación rutinaria a los pacientes con problemas de reflujo gastroesofágico de que dejen de consumir esas bebidas”.

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1. Boekema, P.J. et al. Scandinavian Journal of Gastroenterology, 34 Suppl 230, 35-39, 1999.
2. Elta, G.H. et al. American Journal of Gastroenterology, 85, 1339-1342, 1990.
3. Nandurkar, S. et al. Archives of Internal Medicine, 158, 1427-1433, 1998.
4. Moayyedi, P. et al. American Journal of Gastroenterology, 95, 1448-1455, 2000.
5. Shirlow, M.J. and Mathers, C.D. International Journal of Epidemiology, 14, 239-248, 1985.
6. DiBaise, J.K. Digestive Diseases and Sciences, 48, 652-656, 2003.
7. Price, S.F. et al. Gastroenterology, 75, 240-243, 1978.
8. Feldman, M. and Barnett, C. Gastroenterology, 108, 125-131, 1995.
9. Wendl, B. et al. Alimentary Pharmacology and Therapeutics, 8, 283-287, 1994.
10. Brazer, S.R. et al. Physiology and Behavior, 57, 563-567, 1995.
11. Pehl, C. et al. Alimentary Pharmacology and Therapeutics, 11, 483-486, 1997.
12. Boekema, P.J. et al. European Journal of Gastroenterology, 11, 1271-1276, 1999.
13. Boekema, P.J. et al. Digestive Diseases and Sciences, 46, 945-951, 2001
14. Boekema, P.J. et al. European Journal of Clinical Investigation, 30, 129-134, 2000.
15. Douglas, B.R. et al. American Journal of Clinical Nutrition, 52, 553-556, 1990.
16. Friedman, G.D. et al. New England Journal, 290, 469-473, 1974.
17. Ostensen, H. et al. Scandinavian Journal of Gastroenterology, 20, 1227-1235, 1985.
18. Rosenstock, S. et al. Gut, 52, 186-193, 2003.
19. Aldoori, W.H. et al. Epidemiology, 8, 420-424, 1997.
20. Kaltenbach,T. et al, Archives of Internal Medicine, 166, 2006.

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