Café y diabetes.
Las únicas células del cuerpo humano capaces de sintetizar y secretar insulina son las células beta del páncreas endocrino. En la diabetes tipo 1, también conocida como diabetes juvenil o insulinodependiente, estas células son destruidas de forma selectiva por el propio sistema inmunológico. Aunque la diabetes tipo 1 es una enfermedad hereditaria, se requiere un factor ambiental para desencadenarla. Los factores ambientales que se barajan como hipotéticos desencadenantes de esta enfermedad se cuentan infecciones víricas, el contenido proteínico de la leche de vaca y el café. Las evidencias de que el café es un factor desencadenante en la diabetes tipo 1 son débiles y provienen de un único estudio ecológico que muestra una correlación entre la incidencia de la diabetes tipo 1 y el consumo anual de café en 13 países 1.
En la diabetes tipo 2, también denominada no insulinodependiente o de aparición en adultos, los tejidos sobre los que actúa la insulina (músculos, hígado y tejido adiposo) se convierten en insensibles o resistentes a la insulina. Esto implica que se requiere más cantidad de insulina para alcanzar la misma respuesta por parte de los tejidos en cuestión. Un estudio de cohortes holandés sobre 17.111 adultos identificó 306 nuevos casos de diabetes tipo 2, mostrando que aquellos individuos que bebían al menos 7 tazas de café al día tenían la mitad de probabilidades de desarrollar esta enfermedad2. Dicha relación era estadísticamente significativa en este estudio. Por el contrario, en un estudio de cohortes sobre 2.680 indios Pima en Arizona se identificaron 824 nuevos casos de diabetes tipo 2, sin que se detectase una relación significativa entre consumo de café y riesgo de padecer esta enfermedad3. En un ensayo de intervenciones sobre 12 individuos sanos se concluyó que una dosis única de 3mg de cafeína por kilogramo de masa corporal contribuye significativamente a reducir la sensibilidad a la insulina4. Por tanto, está claro que los datos disponibles sobre la relación entre café o cafeína y la incidencia de la diabetes tipo 2 reflejan conclusiones contradictorias.
Ambos tipos de diabetes se caracterizan por la intolerancia a la glucosa, lo que implica niveles de glucosa en sangre superiores a los que se pueden medir en otros individuos después de una comida. Un estudio observó que el consumo de café mejoraba la tolerancia a la glucosa5, mientras que en otros dos estudios se concluía lo contrario6,7. Además, se ha observado que una dosis única de 200 mg de cafeína empeoraba la tolerancia a la glucosa en un estudio sobre 30 individuos sanos8. En conclusión, los estudios de los efectos del café o la cafeína sobre la tolerancia a la glucosa muestran resultados también contradictorios.
La hipoglucemia es una complicación metabólica habitual a corto plazo en la diabetes. Cualquier agente que contribuya a mejorar la percepción de los síntomas de una hipoglucemia, o que mejore la efectividad de las contramedidas hormonales diseñadas para aumentar el nivel de glucosa en sangre, debe considerarse beneficioso para la gestión diaria de esta enfermedad. Tras 72 horas de abstinencia, la ingestión de entre 250 y 400 mg de cafeína mejora la percepción de los síntomas de una hipoglucemia y la efectividad de las contramedidas hormonales correspondientes en individuos no diabéticos y en diabéticos tipo 19,10. Sin embargo, los efectos a largo plazo de la cafeína son más complejos de analizar. Cuando los efectos de la abstinencia se comparan con los de la ingestión de 400 mg de cafeína al día durante 7 días, se comprueba que las contramedidas hormonales no se ven alteradas. Al principio, la capacidad de percepción de los síntomas de hipoglucemia mejora tras un periodo de abstinencia de la cafeína, pero al persistir los síntomas la percepción mejoraba en presencia de cafeína11. Los investigadores responsables de un estudio realizado en Suecia, y publicado en 200412 también detectaron un menor riesgo de padecer diabetes tipo 2 y baja tolerancia a la glucosa con el aumento del consumo de café.
La investigación de la relación entre consumo de café y desarrollo de diabetes tipo 2 continúa, y a principios de 2006 se publicaban otros tres estudios. En un estudio prospectivo de cohortes13 sobre 88.529 mujeres, que forma parte del Estudio sobre el Estado de Salud de las Enfermeras en EE UU, se estableció que el consumo moderado de café, tanto normal como descafeinado, puede reducir el riesgo de padecer diabetes tipo 2 en mujeres jóvenes y de mediana edad. Los autores sugieren, como otros lo hicieron antes, que hay otros compuestos presentes en el café distintos de la cafeína que pueden ser los responsables de estos efectos. Van Dam, uno de los autores de este estudio, realizó una detallada revisión14 de 71 estudios publicados al respecto, y recomendó seguir investigando hasta establecer el componente del café responsable de estos efectos, así como el mecanismo de acción que interviene. En otro estudio15 se evaluaron los efectos de consumo de café sobre la tolerancia a la glucosa y los niveles de glucemia e insulina. Tras ajustar los resultados a posibles factores de confusión (como la edad, el índice de masa corporal, la presión sanguínea, el nivel de actividad física, fumar, consumo de alcohol y té), se estableció que el consumo de café tenía una relación inversa significativa con los niveles de glucosa medidos en ayunas y medidos tras un periodo de dos horas (según el criterio de la OMS), así como sobre el nivel de insulina en ayunas, tanto en hombres como en mujeres. Los autores concluyeron que en este análisis transversal el café demostró tener efectos positivos sobre varios marcadores glucémicos.
Se han realizado y publicado numerosos estudios en 2006 sobre poblaciones diversas, y en todos ellos se sugiere que existe una fuerte relación inversa entre consumo de café y el surgimiento de la diabetes tipo 2. Iso et al16, en su estudio sobre 17.413 japoneses, detectó una relación inversa entre consumo de café y té verde, y el riesgo de padecer diabetes tipo 2 en mujeres y hombres con sobrepeso. Gruber17, en los Países Bajos, evaluó el efecto de varios factores relacionados con el estilo de vida sobre la prevención de la diabetes, y estableció que aquellos individuos que bebían entre 4 y 7 tazas de café al día tenían el menor riesgo de entre todos los estudiados. Un estudio sobre 21.000 hombres y mujeres en Finlandia18 estudió los efectos del consumo de café en conjunción con determinados factores de estilo de vida, como la actividad física, la obesidad o el consumo de alcohol, sobre el riesgo de padecer diabetes tipo 2. El consumo de café se asoció a un menor riesgo de padecer diabetes tipo 2 tanto en hombres como en mujeres, independientemente de los niveles de actividad física, índices de masa corporal o consumo de alcohol. Pereira et al19, dentro del Estudio IOWA sobre la Salud de las Mujeres en EE UU realizado en 28.000 mujeres, examinó la relación entre consumo total de café normal y descafeinado, y el riesgo de padecer diabetes tipo 2. En esta cohorte, el consumo de café, especialmente el descafeinado, se asocia inversamente con el riesgo de padecer diabetes tipo 2. En otro estudio en EE UU20, se analizaron los datos de un estudio prospectivo de cohortes realizado sobre una comunidad determinada con objeto de establecer la relación entre consumo de café y bebidas edulcoradas con el riesgo de padecer diabetes tipo 2. Aquellos hombres y mujeres que consumían más de 4 tazas de café al día tenían un riesgo un 67% inferior de padecer diabetes tipo 2 comparado con el de aquellos individuos que no tomaban café. Finalmente, Smith et al21 investigaron la relación entre consumo de café y diabetes tipo 2 medida a través de un test de tolerancia oral a la glucosa, examinando además por separado los hábitos de consumo de café en aquellos individuos con problemas de asimilación de glucosa y en los que tenían niveles normales de glucosa. Los autores establecieron un “impresionante efecto protector del café descafeinado frente a la diabetes tipo 2”.
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Referencias.
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