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Café y función renal.


Se han estudiado los efectos que el consumo de café o cafeína puede tener sobre la función renal y aspectos de la misma como la diuresis, la inestabilidad del músculo detrusor o la formación de cálculos renales.

Se observó que, en un periodo de veinticuatro horas, la cantidad de orina aumenta con la ingestión elevada de café (unas 6 tazas conteniendo 642 mg de cafeína), aunque este efecto no se ha confirmado para cantidades inferiores a 300 mg1.

Con frecuencia se recomienda a atletas y personas que realizan ejercicio físico que se abstengan de tomar bebidas con cafeína. Se asume que la cafeína, que es diurético suave, puede aumentar la deshidratación y la pérdida de electrolitos que conlleva el ejercicio, con lo que empeoraría el rendimiento del atleta o su salud. Sin embargo, no hay evidencias científicas que apoyen esta creencia. Recientemente se han revisado nueve estudios que analizaron los efectos de la cafeína sobre el volumen de orina2. El autor explica en el resumen de dicho análisis que “la literatura científica sugiere que los atletas y los amantes del ejercicio físico no sufrirán una alteración del balance de líquidos o electrolitos si consumen bebidas con cafeína con moderación y mantienen una dieta normal”.

Dos de estos nueve estudios son especialmente interesantes.

    En el primero de ellos, se recogía orina de 24 horas3 y no se encontraron diferencias significativas en el volumen de orina producido comparándolo con el consumo de agua, el de 114 mg de cafeína ó el de 253 mg de cafeína.
    En el segundo estudio, se midió la producción de orina durante el ejercicio4. Se observó que una sola dosis de 8,7 mg por kilo de masa corporal, y en reposo, producía un aumento significativo en la producción de orina comparándolo con un placebo, pero se producía una reducción no significativa de la cantidad de orina generada al montar en bicicleta.

En un gran estudio transversal publicado recientemente realizado sobre 27.936 mujeres noruegas se concluyó que el consumo de café no está relacionado de forma significativa con la incontinencia urinaria5. Con ello se confirman los resultados de tres estudios más pequeños anteriores6,7,8. Los pacientes con problemas de incontinencia y excesiva frecuencia, debidos a inestabilidad del músculo detrusor se quejan frecuentemente de que beber café o té acentúa su problema. Se ha demostrado en un estudio que la ingestión de una dosis de 200 mg de cafeína incrementó de forma significativa la presión en el músculo detrusor en 20 mujeres diagnosticadas con inestabilidad en dicho músculo. Sin embargo, en 10 mujeres asintomáticas no hubo consecuencias9. A pesar de que un estudio sobre 41 ancianas concluyó que la reducción de la cantidad de cafeína consumida tenía relación con una menor frecuencia de episodios de pérdidas de orina, dicha relación no era estadísticamente significativa 10. En un estudio de casos y controles sobre 131 mujeres con problemas de inestabilidad del músculo detrusor y 128 controles, el consumo de cafeína fue significativamente superior en los casos que en los controles11. Se necesitan realizar estudios de cohortes y ensayos clínicos para confirmar estos resultados.

La ingestión de un alto volumen de líquidos es el tratamiento más antiguo aplicado en casos de cálculos renales. Sin embargo, investigaciones recientes apuntan a que la composición de esos líquidos puede tener efectos más o menos positivos. En un antiguo estudio de caso y control se mostraba ya una relación inversa entre consumo de café y el desarrollo de cálculos renales12. En un estudio posterior de cohortes a 45.289 hombres en EE UU se diagnosticaron 753 nuevos casos de piedras en el riñón, y el riesgo de desarrollar cálculos descendía un 10% al administrar 240 ml al día de café, normal o descafeinado13. En un estudio de cohortes sobre 81.093 mujeres en EEUU14, se diagnosticaron 719 nuevos casos de cálculos renales, con una caída del 10% en el riesgo de desarrollar nuevos cálculos al consumir 240 ml de café normal (del 9% para 240 ml de descafeinado). Las evidencias disponibles demuestran de forma consistente que consumir café reduce el riesgo de desarrollar cálculos renales.

Desde hace tiempo, a la cafeína se le atribuye una cierta capacidad diurética. Sin embargo, las pruebas científicas de las que se disponen no apoyan la idea de que consumir bebidas con cafeína produce deshidratación. De hecho, cada vez es más aceptada la idea de que las bebidas con cafeína, consumidas con moderación, son una buena fuente de líquidos en la dieta.

En un estudio publicado en 2007 se ofrecía una nueva perspectiva sobre equilibrio hídrico, hidratación y ejercicio físico a altas temperaturas. En lo relativo a la cafeína, los autores afirman que “la ingestión de niveles bajos o moderados de cafeína (< 300 mg) no provoca deshidratación, ni descansando ni durante el ejercicio. La ingestión continua de cualquier cantidad de cafeína no tiene influencia a largo plazo sobre la hidratación o la termorregulación del organismo, ni durante el ejercicio ni tras él”. También apuntaron que incrementar o reducir los niveles de consumo de cafeína no parece influir sobre el nivel de hidratación.

Por tanto, no hay evidencias que apoyen la limitación del consumo de cafeína porque, en cantidades inferiores a 300 ó 400 mg diarios, no impide una adecuada termorregulación ni cambia los niveles de hidratación del organismo15. Además, en una extensa revisión científica también publicada en 2007, se concluyó que las bebidas con cafeína contribuyen a completar las necesidades diarias del cuerpo de ingesta de agua, de forma similar al consumo de agua pura. Las evidencias científicas disponibles no apoyan la idea de que las bebidas con cafeína provocan deshidratación16.

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1. Neuhauser-Berthold, M. et al. Annals of Nutrition & Metabolism,41, 29-36, 1997.
2. Armstrong, L.E. International Journal of Sport Nutrition and Exercise Metabolism, 12, 189-206, 2002.
3. Grandjean, A.C. et al. Journal of the American Collegeof Nutrition, 19, 591-600, 2000.
4. Wemple, R.D. et al. International Journal of Sports Medicine, 18, 40-46, 1997.
5. Hannestad, Y.S. et al. British Journal of Obstetrics and Gynaecology, 110, 247-254, 2003.
6. Burgio, K.L. et al. Journal of Urology, 146, 1255-1259, 1991.
7. Brown, J.S. et al. Obstetrics and Gynecology, 87, 715-721, 1996.
8. Roe, B. and Doll, H. Journal of Wound, Ostomy and Continence Nursing, 26, 312-319, 1999.
9. Creighton, S.M. and Stanton, S.L. British Journal of Urology, 66, 613-614, 1990.
10. Tomlinson, B.U. et al. International Urogynecology Journal, 10, 22-28, 1999.
11. Arya, L.A. et al. Obstetrics and Gynecology, 96, 85-89, 2000.
12. Shuster, J. et al. Journal of Chronic Disease, 38, 907-914, 1985.
13. Curhan, G.C. et al. American Journal of Epidemiology, 143, 240-247, 1996.
14. Curhan, G.C. et al. Annals of Internal Medicine, 128, 534-540, 1998.
15. Ganio, M.S. et al. Clinical Sports Medicine, 26, 1-16, 2007.
16. Armstrong, L.E. et al. Exercise and Sports Science Reviews, 35, 135-140, 2007.

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