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Café y depresión

 

Dra. Ma Antonia Lizarraga. Profesora de Nutrición Humana y Dietética de la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona.

La posible relación entre el consumo de café y cafeína con la depresión ha sido poco estudiada hasta ahora, a pesar de ser la cafeína el estimulante del sistema nervioso central más utilizado en el mundo.

La depresión es una enfermedad mental crónica y recurrente que puede afectar a un 20% de la población a lo largo de la vida, con el doble de incidencia más entre mujeres que en hombres. Se trata de una patología que cuenta con una especial atención por parte de las autoridades sanitarias y, aunque existe una vulnerabilidad genética, es importante profundizar en aspectos relacionados con el estilo de vida de cara a desarrollar estrategias de prevención.

La posible relación entre el consumo de café y cafeína con la depresión ha sido poco estudiada hasta ahora, a pesar de ser la cafeína el estimulante del sistema nervioso central más utilizado en el mundo y el café la forma más habitual de consumo de dicha sustancia, alcanzando hasta el 80% del consumo total.

Los resultados disponibles hasta hace poco tiempo provenían sólo de estudios transversales con poca capacidad de determinar si el consumo de café afectaba al riesgo de depresión y viceversa. Algunos estudios de los años 80 habían planteado un posible aumento de sintomatología depresiva con el consumo de cafeína, lo que cual es contrario a los resultados de estudios más recientes y a otros que encontraban una posible relación inversa entre tasas de suicido y consumo moderado de café a dosis de entre 2 y 6 tazas al día.

Un estudio de Smith en 2009 valoró por separado los efectos del consumo de cafeína obtenida de café y de té. En ambos casos encontró un efecto protector frente a la depresión, concluyendo que era esta sustancia la responsable y no los otros componentes de las bebidas ingeridas. En el mismo sentido Ruusunen y col. en 2010, llevaron a cabo uno de los primeros estudios prospectivos con población finlandesa perteneciente al “Kuopio Ischaemic Heart Disease Risk factor Study”. En él se siguió durante 17,5 años a 2.232 varones de mediana edad clasificados según el nivel de ingesta de café y se llegó a la conclusión de que los grupos de mayor consumo de café presentaban un menor riesgo de depresión que el resto.

Recientemente han salido a la luz los resultados de otro importante estudio prospectivo: “Nurse ́s Health Study”. Se llevó a cabo con más de 50.000 mujeres, de edad promedio de 60 años, que al inicio del estudio no presentaban signos clínicos de depresión ni tomaban medicación antidepresiva, y se les siguió durante 10 años. Se documentaron 2.607 casos de depresión clínica a lo largo del tiempo y se encontró una relación inversa entre consumo de café y casos diagnosticados. Las que bebían cuatro o más tazas de café al día tenían una reducción del 20% de riesgo de depresión con respecto de las que bebían una taza o menos. En las que bebían tres tazas la reducción fue de un 15%.

Con el objetivo de explicar si el posible efecto antidepresivo se debía a la cafeína o a los otros componentes del café, se examinó la posible relación cuando el consumo de café era descafeinado sin encontrarse asociación alguna, ni tampoco con el consumo de otras fuentes de cafeína diferentes al café como el té, bebidas azucaradas o chocolate. Se conoce que los efectos de la cafeína son dosis dependientes pero típicamente bifásicos, de manera que a bajas dosis se puede percibir una sensación placentera y estimulante que, sin embargo, a grandes dosis es de carácter contrario. En general, los consumidores parecen adaptar su consumo de cafeína a su propio nivel de tolerancia, buscando en la dosis consumida los efectos beneficiosos y controlando para evitar percibir los adversos.
Los mecanismos de acción de la cafeína que justifican estos efectos parecen vincularse al antagonismo de los receptores de adenosina, principalmente A2A, y la consecuente modulación de la transmisión dopaminérgica, aunque no se descarta que puedan existir otros efectos sobre la liberación de otros neurotransmisores como la acetilcolina o serotonina.

Sin embargo, son necesarios más estudios para llegar a poder hacer recomendaciones de consumo basadas en un conocimiento más profundo de la relación de causalidad y los mecanismos por los que se da.

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Referencias
Lucas M, et al. Coffee, caffeine and risk of depression among women. Arch Intern Med 2011;171(17):1571-1578.
Ruusunen A, et al. Coffee, tea and caffeine intake and the risk of severe depression in middle-aged Finnish men: The Kuopio Ischaemic Heart Disease Risk Factor Study. Public Health Nutr 2010;13(8):1215-1220.
Smith AP. Caffeine, cognitive failures and health in a non-working community sample. Human Psychopharmacology 2009;24(1):29-34.
Tanskanen A, et al. Heavy coffee drinking and the risk of suicide. Eur J Epidemiol 2000;16(9):789-791

 

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